sábado, 18 de mayo de 2024

 

PROYECTO FINAL


        1.0  Producto Audiovisual

Buen día Profe, espero que te encuentres bien, por motivo a que Youtube no admite videos superiores a 15 min de duración me vi en la tarea de dividirlo en primera y segunda parte, anexo la evidencia:


            Parte 1. ContainerHomes:
            


            Parte 2. ContainerHomes


        2.0  Texto (Crónica)

I.                   El alba de un nuevo tormento

El implacable redoble del despertador me arranca de un sueño intranquilo, plagado de pesadillas y sombras acechantes. Es la misma melodía agobiante que marca el inicio de otro día interminable, una batalla épica contra el cansancio, la presión y la desesperanza. Con pesadez abro los ojos, enfrentándome a la cruda realidad: las 4:30 de la mañana, una hora inclemente para un ser humano común. La oscuridad que reina en mi habitación acentúa la desolación que me invade. Siento como si el mundo entero conspirara en mi contra, robándome incluso esos preciosos minutos de descanso que tanto anhelo. Soy prisionera de mis circunstancias, atrapada en un ciclo interminable de agotamiento y desesperación.

II.                La ciudad hostil

Me levanto con la pesadez de mil derrotas y me preparo para enfrentar la jungla urbana. El frío de la madrugada me cala hasta los huesos, como un recordatorio de la crueldad que me espera en las calles. Cada bocanada de aire gélido es como una puñalada en mis pulmones, un tormento impuesto por la ciudad que me traga. Camino con pasos pesados hacia la parada de autobús, mirando constantemente por encima del hombro, atormentada por el recuerdo del atraco que sufrí hace unas semanas. La paranoia y el miedo se han convertido en mis compañeros inseparables, susurrando advertencias en mis oídos. Cada sombra, cada ruido, me hace saltar de terror, convencida de que el peligro acecha en cada esquina.

III.             El calvario del transporte público

El tráfico en Bogotá es un infierno caótico, una serpiente interminable de vehículos que se arrastran a paso de tortuga. Las siguientes tres horas son una odisea de claustrofobia y frustración en el transporte público. Los empujones, los codazos y el mal olor a sudor me asfixian, convirtiéndome en un manojo de nervios al borde del colapso. La sensación de encierro es abrumadora, como si las paredes del autobús se estrecharan cada vez más, amenazando con aplastarme. Busco desesperadamente un resquicio de aire fresco, pero solo encuentro el hedor de la humanidad apretujada.

IV.             El peso de la responsabilidad

Finalmente, llego a mi lugar de trabajo, un supuesto oasis que resulta ser un desierto ardiente de estrés y obligaciones interminables. De inmediato, me sumerjo en un torbellino frenético de tareas, reuniones y plazos que cumplir, un remolino que amenaza con tragarme por completo. La presión es aplastante, sofocante, una fuerza invisible que me oprime el pecho y me roba el aliento. Siento como si me ahogara en un mar embravecido de responsabilidades, las olas golpeándome sin tregua desde todas direcciones.

Cada minuto que pasa, el peso sobre mis hombros se hace más insoportable, más abrumador, amenazando con aplastarme por completo bajo su carga implacable. Los correos electrónicos se acumulan sin cesar, formando una montaña digital de tareas pendientes que se eleva hasta el infinito. Las llamadas no cesan, el teléfono sonando sin parar como un timbre de tortura que me recuerda constantemente las demandas interminables. Me ahogo en un mar de documentos, papeles y formularios que se multiplican como un virus imparable, consumiendo cada centímetro de mi escritorio.

Y los proyectos... oh, los proyectos. Se apilan como una montaña insuperable, cada uno más complejo y desalentador que el anterior. Me siento como un náufrago atrapado en una tempestad implacable, luchando desesperadamente por mantener la cabeza fuera del agua, pero las olas de estrés me golpean sin piedad, amenazando con sumergirme en las profundidades de la desesperación.

Es una batalla constante, una lucha agónica contra la abrumadora avalancha de demandas y expectativas. Cada vez que logro sacar la cabeza a la superficie, otra ola me golpea con fuerza renovada, arrastrándome de vuelta al caos. El estrés se cierne sobre mí como una nube tóxica, envenenando mi mente y mi cuerpo con cada respiración.

V.                Las horas agonizantes

Las horas transcurren a un ritmo exasperantemente lento, cada minuto convirtiéndose en una tortura interminable. El cansancio se apodera de cada fibra de mi ser, como una niebla espesa que nubla mi mente y entumece mis músculos. Lucho con todas mis fuerzas por mantener los ojos abiertos, pero es una batalla constante contra el agotamiento abrumador que amenaza con vencerme. Mis párpados pesan como bloques de plomo, gravitando hacia abajo con una fuerza descomunal, mientras que mi mente se niega a concentrarse en la tarea que tengo entre manos.

Cada vez que intento enfocarme, mi atención se desvía inexorablemente hacia el incesante tic-tac del reloj, burlándose de mí con su lentitud agonizante. El sonido martillea en mis oídos, recordándome que el tiempo avanza sin piedad, ajeno a mi sufrimiento. Cada segundo que pasa es una puñalada en mi corazón, prolongando mi agonía interminable. El tiempo se convierte en mi enemigo más cruel, una fuerza implacable que se regodea en mi tormento.

La fatiga se apodera de cada célula de mi cuerpo, convirtiéndome en un manojo de nervios al borde del colapso. Mis músculos se sienten como si estuvieran hechos de plomo, resistiéndose a cada movimiento. Incluso parpadear se convierte en un desafío titánico, como si mis párpados pesaran toneladas. La niebla del agotamiento envuelve mi mente, nublando mi capacidad de pensar con claridad y dificultando cada tarea, por más simple que sea.

A pesar de mis esfuerzos desesperados por mantenerme enfocada, mi atención se dispersa constantemente, incapaz de concentrarse en nada más que el interminable avance del tiempo. Cada tic-tac es un recordatorio implacable de que la agonía no tiene fin, de que estoy atrapada en un ciclo sin salida de agotamiento y desesperación. El reloj se burla de mí, su sonido resonando en mi cabeza como una risa siniestra que se regodea en mi sufrimiento.

VI.             La prisión del conocimiento inútil

Después de un día interminable en el trabajo, comienzan mis clases, donde me esperan más horas de clases tediosas e irrelevantes. Es como si el tormento no tuviera fin, una sucesión interminable de obligaciones que drenan mi energía vital. Profesores sin una chispa de pasión repiten incansablemente el mismo material obsoleto año tras año, como autómatas programados para impartir conocimientos anticuados. Sus voces monótonas y sus miradas vacías solo acentúan la sensación de que estamos sumergidos en un pozo sin fondo de irrelevancia académica.

Me siento como prisionera, encadenada a un sistema educativo arcaico que no hace más que drenar mi energía y mi entusiasmo por aprender. Las aulas y mi habitación cuando determinadas clases son mediadas se convierten en celdas de aburrimiento, jaulas donde nos mantienen cautivos con la excusa de “formarnos”. Nos alimentan a la fuerza con información inútil que jamás aplicaremos en la vida real, como si fuéramos ganado destinado al matadero del conocimiento inservible.

Los salones de clase y mi habitación se sienten asfixiantes, las paredes parecen cerrarse cada vez más, amenazando con aplastarme bajo el peso de tantas teorías y conceptos abstractos. Es una tortura , donde nos obligan a engullir datos y fórmulas que jamás tendrán relevancia en nuestras vidas futuras. Mientras los profesores se jactan de impartir “sabiduría”, yo solo veo un sistema obsoleto que nos roba nuestro tiempo y nuestras ilusiones, una tras otra en resumen todas ellas.

VIII.       La lucha contra la desesperación

Las horas se arrastran como si fueran días, y cada minuto se siente como una eternidad. Mi mente se niega a concentrarse, divagando constantemente en sueños de libertad y escapismo. Fantaseo con dejarlo todo atrás y huir a un lugar donde pueda respirar, donde no haya obligaciones ni plazos que cumplir. Un paraíso libre de estrés y responsabilidades, donde pueda recuperar el control de mi vida. Pero entonces recuerdo las consecuencias de rendirme, las oportunidades perdidas y los sueños rotos, y me obligo a seguir adelante, encadenada a esta existencia agobiante.

IX.             Un breve refugio en el amor

Finalmente, cuando el último rayo de luz se desvanece en el horizonte, soy liberada de esta prisión académica interminable. Pero en lugar de sentir alivio, solo hay una sensación aplastante de derrota que me invade por completo. Arrastro mis pies cansados de vuelta a casa, cada paso sintiéndose más pesado que el anterior, como si cargara el peso del mundo sobre mis hombros. En mi mente, lo único que me mantiene en movimiento es el sueño de ver a mi novia y refugiarme en sus brazos reconfortantes al final del día.

Ella es mi oasis en medio del desierto árido de responsabilidades y agobio, mi única fuente de consuelo en esta travesía interminable de agotamiento. Su sonrisa ilumina mi mundo oscuro como un faro en la niebla, guiándome hacia el puerto seguro de su amor incondicional. Y su abrazo cálido apacigua momentáneamente mis temores y mi agotamiento, envolviendo mi alma desgastada en una manta de serenidad.

Cuando por fin llego a casa y la veo, es como si todo el estrés y la tensión del día se desvanecieran en un instante. Sus ojos brillantes y su rostro radiante son un bálsamo para mi corazón afligido, y por un breve momento, puedo olvidar todas las batallas libradas y simplemente sumergirme en la calidez de su presencia. En sus brazos, soy capaz de recargar energías, de encontrar la fuerza para enfrentar un nuevo día de desafíos.

X.                La noche, una batalla contra el sueño

Pero incluso ese pequeño rayo de esperanza se ve ensombrecido por la carga de tareas pendientes que me esperan. La noche se convierte en una batalla constante contra el sueño, una lucha por mantener los ojos abiertos mientras intento absorber información que se niega a quedarse en mi cerebro exhausto. Es como intentar llenar un vaso roto con agua, un esfuerzo inútil y frustrante.

En los breves momentos de lucidez, me pregunto si vale la pena todo este sufrimiento. La tentación de dejarlo todo atrás y huir de esta existencia agobiante es casi irresistible. Fantaseo con desaparecer en la nada, lejos de las responsabilidades y las expectativas que me asfixian. Pero entonces recuerdo mis sueños y ambiciones, esos objetivos que alguna vez me motivaron a emprender este camino. Y encuentro la fuerza para seguir adelante, un día más.

Porque a pesar de lo agotador que puede ser este estilo de vida, hay una pequeña llama de esperanza ardiendo en mi interior. La creencia de que algún día, todo este esfuerzo valdrá la pena. Que un día despertaré y ya no tendré que luchar contra la corriente, sino que podré nadar libremente en el océano de mis sueños cumplidos.

Un futuro donde el éxito y la realización personal serán mi recompensa por todos estos años de sacrificio.



        3.0  Dos Piezas Gráficas

                3.1 Infografía: 




                3.2 Publicidad:


        4.0  Publicidad o Propaganda (Video)

                                                                   ContainerHomes


     

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